Con profundo agradecimiento a Dios por el don de su vida, la Congregación de los Sagrados Corazones despide a nuestra querida hermana Marcela Raquel Peralta Muñoz ss.cc., quien partió a la casa del padre el domingo 12 de julio de 2026, en la Comunidad Santa Inés de Viña del Mar, después de 70 años de vida religiosa.
Este martes 14 de julio a las 11:30 conmemoraremos su pascua con una eucaristía en la comunidad de Santa Inés, para luego acompañar sus restos hasta el cementerio de Playa Ancha a las 15 horas.
Semblanza
Nacida en Santiago el 20 de septiembre de 1933, ingresó al postulantado en Viña del Mar en 1954. Un año más tarde inició el noviciado y, tras su primera profesión religiosa en 1956, consagró su vida al Señor con su profesión perpetua el 15 de agosto de 1961.
Su vocación estuvo ligada a la educación. Se formó como Profesora de Educación Básica en la Universidad de Chile y posteriormente obtuvo los títulos de Profesora de Religión para Educación General Básica y Profesora de Religión y Moral para Educación Media, complementando su preparación con diversos cursos de perfeccionamiento pedagógico.
A lo largo de su vida apostólica sirvió en numerosas comunidades y obras de la Congregación. Su misión la llevó a Santiago, Valparaíso, Viña del Mar, San Javier, Iquique, El Carmen y también a Bolivia, donde ejerció el servicio de ecónoma de comunidad. En cada uno de estos lugares dejó huellas como profesora de Religión, educadora, formadora de jóvenes, acompañante de grupos scout, animadora pastoral y superiora de comunidad.
Durante décadas acompañó a niños, niñas y jóvenes en su crecimiento humano y espiritual. Participó activamente en la pastoral escolar, en la preparación de sacramentos, en el movimiento scout y en la formación cristiana, convencida de que educar era también anunciar el Evangelio con sencillez y alegría.
Su espíritu de servicio se manifestó también en el acompañamiento de personas enfermas, tanto en la pastoral de enfermos como en el Hospital del Trabajador, así como en los servicios cotidianos de la comunidad, especialmente durante sus últimos años en Santa Inés, donde continuó colaborando generosamente hasta que su salud se lo permitió.
Quienes compartieron con la hermana Marcela la recuerdan como una religiosa sencilla, disponible y comprometida con la misión confiada por la congregación. Su vida fue un silencioso testimonio de fidelidad, expresado en el servicio cotidiano y en el acompañamiento de tantas personas que encontraron en ella una educadora y una hermana cercana.
Hoy damos gracias por su entrega generosa y por el legado de fe, servicio y amor que deja en las comunidades donde vivió y trabajó.
Que el Señor de la Vida la reciba en su Reino y que los Sagrados Corazones de Jesús y de María la acojan para siempre en la plenitud de su amor.
“Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá”. (Jn 11,25)
